lunes, 23 de junio de 2014

Don Juan para los amigos.

El Romanticismo en España se convertirá en un pensamiento centrado principalmente en el sentimiento del ser humano, debido a las crisis que asola el país en la época.

El romanticismo influirá en escritores tan trascendentales como José de Espronceda, Bécquer o Zorrilla, que influidos por la pasión desbocada, harán de sus obras un hito en la literatura española.

Si nos centramos en el pacense José de Espronceda (1808), decir primero que se trata de un autor rebelde que profesa una forma liberal del romanticismo, y después citar algunas de sus obras importantes como El estudiante de Salamanca, El diablo mundo o, su conocido poema, La canción del pirata.

Cerrando nuestro foco aun más, y atendiendo a su obra El estudiante de Salamanca, veremos que  es un claro ejemplo del Donjuanismo tan imperante en la época. Antecedentes de Don Feliz de Montemar podrían ser El Don juan Tenorio de Zorrilla, o El burlador de Sevilla.

El mundo de ultratumba,  la visión de su propio entierro… Todo ello visto antes en otras obras, además de la locura coincidente en los tres personajes, hacen que sean obras cortadas por un mismo patrón, el romántico.
 




La novedad viene introducida por que este “Don Juan” (Felix), es un personaje mucho más cínico y rebelde, que no profesa un amor verdadero por Elvira, su amada.

Esta obra acabará con un trágico final donde nuestro protagonista descubrirá su estado de desgracia (muerte) al besar al espectro femenino transformado en esqueleto, otro paralelismo con el argumento de otras obras anteriores.

En definitiva, nos encontramos ante la influencia del “Donjuanismo” y la repercusión que tuvo este canon de personaje durante una época brillante de la literatura española: el Romanticismo.







Análisis general de La Regenta

Para analizar de manera general La Regenta vamos a exponer varias reflexiones sobre la obra, su intertextualidad, la actualidad de sus temas y cierta simbología y rasgos destacables. Cabe decir que la adaptación televisiva de la novela es útil para comprender la trama argumental pero insuficiente para comprender la psicología de los personajes, aunque no todas ya que la de Ana es prácticamente ininteligible.



En primer lugar, debemos destacar los hallazgos donjuanescos en la novela escrita por Leopoldo Alas, “Clarín”. A pesar de localizarse estéticamente dentro de la corriente realista en España debe gran parte de su contenido argumental a un drama romántico, Don Juan Tenorio del vallisoletano José Zorrilla. Puede parecer un disparate comparar ambas obras, una de estética realista-naturalista y otra romántica, pero se perciben múltiples pinceladas del drama en la obra de Clarín.
En la obra se denomina frecuentemente a don Álvaro Mesía como el donjuán de Vetusta, y no es un desacierto ya que se perciben grandes similitudes entre el comportamiento y carácter de ambos personajes. Incluso la manera en que van sucediendo los hechos nos recuerdan a la acción de Don Juan Tenorio; por ejemplo, la forma en que Mesía irrumpe por las noches en la quinta de los Ozores nos figura a Don Juan asaltando el convento para conquistar a Doña Inés. También podemos destacar la “universalidad” amorosa del Tenorio y Mesía, es decir, las múltiples conquistas de mujeres de toda clase y procedencia, demostrado con las aventuras tanto del pasado como del presente de Mesía, con Visitación, Obdulia, Petra,… Además el final de la obra con la huída de Álvaro a Madrid nos recuerda a la marcha de Don Juan a Italia.

A mi parecer, nuestra Regenta no es como la dócil Doña Inés de Zorrilla que se deja seducir y en la que ella misma se ve reflejada durante su jornada en el teatro vetustense. Por el contrario, ella es quien decide participar en el juego de seducción y lo deja surgir. Es, además, una persona con gran temperamento, decidida y muy impulsiva, un espíritu rebelde que desde el principio de la obra se opone a los dogmas de la sociedad vetustense. En varias ocasiones la denominan como “romántica” de manera peyorativa, tanto Obdulia como Visitación, y parte de razón no les falta ya que Ana es puro sentimiento. Y es esta nueva perspectiva literatura en la que se contrapone la figura romántica de Ana a la arcaica sociedad de Vetusta la que nos demuestra el naturalismo de la obra a través del vencimiento, cómo Ana sucumbe a esa población.
Sin embargo, no debemos adquirir la actitud dictatorial y de férrea crítica como hace Vetusta para atribuir la culpa del adulterio en Ana; la culpa es de ambos, de la sociedad hipócrita que los rodea y también es la circunstancia la que los impulsa a ello. La razón por la que Ana sucumbe a las tentaciones de Álvaro puede tener sus causas en su carácter temperamental, muy condicionado por la infancia que vivió: la educación de su liberal padre, la moral de su institutriz inglesa y la influencia de sus tías, las cuales la llevaron a tomar la precipitada decisión de contraer matrimonio con Víctor Quintanar, un matrimonio insatisfactorio que exaspera el ánimo impetuoso de Ana. Por tanto, ella intenta contrarrestarlo buscando ideales y motivaciones, como la religión y la fe y, posteriormente, su idilio amoroso con Mesía.


Es muy singular percibir cómo toda la sociedad de Vetusta esconde sus pasiones, promiscuidad y lascivia bajo sus ropas y apariencias, cómo muchos personajes cometen adulterio y lo disimulan criticando la ofensa de Ana. También sorprende la acogida que tiene la figura de Álvaro en Vetusta, donde, a pesar de su forma de vida libertina y sus ideales reformistas, se le alaba y se le tiene gran aprecio y consideración como uno de los ciudadanos más queridos.

Para finalizar, se podría hacer balance de la obra con dos palabras: hipocresía social. Sí, esa hipocresía característica de Vetusta es la misma que sigue flagrante en la sociedad actual donde lo que más importa es la apariencia, donde se imponen los pensamientos de una gran mayoría que cohíben a los individuos limitando sus libertades e incidiendo en sus gustos.


Alba González González

La Regenta y su debate interno.

Este texto, se enmarca dentro del capítulo XXVI de La Regenta, obra de Leopoldo Alas Clarín.

En este capítulo, Ana Ozores decide hacer penitencia como nazarena después de una promesa que hizo al Magistral.

Es significativo, a mi parecer, que en este capítulo se reflejen las tres fuerzas que convergen en Ana a lo largo de toda la obra, las que configuran su personalidad: la voluntad del Magistral, que la influye indudable e innegablemente ,  llegando a anular la voluntad misma de la protagonista durante toda la obra; Actúa también sobre Ana la fuerza  del entorno vetustense ( la ciudad entera se convierte en conciencia religiosa y moral de Ana
) ; y , para terminar, la fuerza de su propia voluntad. Además de también tener en cuenta la opinión de su marido, Víctor Quintanar.

En este fragmento, ennmarcado en el Jueves Santo, podemos observar concretamente el momento en que la marquesa de Vegallana, Doña Petronila, Obdulia, y Visitación  comentan la noticia de que Anita Ozores, saldría de nazarena en la procesión del Viernes Santo. Nunca antes en Vetusta una señora había salido de Nazarena, y mucho menos descalza y no era este un comportamiento ejemplar a los ojos de Vetusta. Estas señoras, muestran sus impresiones sobre la noticia, y critican  catalogan a Ana de procesar un fanatismo irracional, no devoción. Se trata de una escena marcada por la cotidianidad. Lo cierto es, que en una de las protagonistas de este  podemos ver un atisbo de envidia, a Obdulia le removía por dentro; sin embargo, son incapaces de mostrar un ápice de conformidad con la decisión de Ana, ya que con ello se pondrían en contra del resto de pueblerinos.
Esta no es una decisión que haya tomado Ana Ozores por si misma, sino que ha sido inducida por el Magistral, delante de quien se arrodilla y le promete que por él saldrá en la procesión, vestida de Nazarena y descalza.
Todos pensaron que aquella mujer estaba loca, su esposo, Vetusta e incluso ella misma, que se da cuenta de que se sale de lo dogmático.


Don Víctor Quintanar, por otro lado, se siente triste, pues creía que dominaba a su mujer, pero lo cierto es que, en contra de su voluntad, Ana decide salir en procesión, aunque había llegado a la conclusión de que esto ridiculizaría a su Marido:
“ ¿no iba a estar en ridículo aquel marido que tenía que ver a su esposa descalza, […]”

En este último fragmento podemos ver claramente las tres fuerzas que Ana tiene en cuenta: el Magistral, Vetusta y su propia voluntad.
Finalmente, va a salir en procesión sin querer realmente, por una promesa al Magistral, por lo que vemos como la fuerza de este  es más fuerte en este caso que la voluntad misma del personaje.











domingo, 22 de junio de 2014

MIMETISMO EN LA CONTRARREVOLUCIÓN.



El Miércoles 7 de mayo participé como oyente en  la ponencia llamada  “José García de León y Pizarro: un antirrevolucionario en la contrarrevolución” del I Congreso Internacional Liberal: la represión absolutista y el exilio.
Esta conferencia fue expuesta Juan Luis Simal Duran que, basándose en la información que recaudó para su tesis doctoral, en esta misma, y en memorias y otros documentos contrastados, nos dio luz sobre la vida de José Pizarro;
Según lo dicho en el citado evento, Pizarro rechazaba las medidas de represión de Fernando VII;  Buscaba  llegar a un cierto orden monárquico que diera modernidad  a España usando la clemencia como arma propia. Pizarro consideraba que había que sustituir la represión por un acercamiento, y que las medidas debían impulsarse desde una perspectiva general. Para él las reprensiones promovían el desorden y daban una mala imagen de España en el extranjero, donde pensaban que Fernando VII era un despiadado que hacía crueldades en España, adquiriendo así el rol de tirano. Este era unos de sus focos de preocupación, ya que las gacetas extranjeras rebajan el honor e imagen nacional.
Desde niño fue educado para practicar la diplomacia. La transición política de España no le afectó y se adapta a las circunstancias. Fue servidor de una monarquía, consejero y secretario de Estado además de embajador en Prusia.
Siendo secretario de Estado aplicó una política moderada, lo que se consideró como traición a la monarquía, por lo que fue expulsado del gobierno y desterrado.En 1823 sale del exilio y en 1830 Fernando VII le devuelve los honores y distinciones.
En el exilio los liberales hacían conspiraciones revolucionarias para volver a España y cambiar el régimen. Aunque también se dan otros hechos otros indicios como que antes de llegar a Prusia con los aliados, se encontraba en Francia y comenzó a informar a la monarquía española de las actividades en contra de los afrancesados.
Todo esto lleva a que la gente pensase que era un liberal encubierto o moderado. Asimismo su papel en la guerra de la Independencia tampoco estuvo claro.
Yo, saqué como conclusión que Pizarro tenía ideología liberal, pero que apoya las ideas contrarias para no vivir soportando hostilidades. Fue  un hombre mimético en cuanto a la política se refiere.
Aunque no sea muy conocido, tuvo una vida que no pasó sin pena ni gloria: en sus memorias dijo que nunca pensó llegar donde llegó.







El realismo en La Regenta

Nos encontramos ante un texto de La Regenta de Leopoldo Alas Clarín (1884-1885) que se enmarca dentro del vigésimo sexto capítulo.

Este fragmento puede dividirse en dos partes marcadas por el transcurso temporal: la primera parte tiene lugar a lo largo del Jueves Santo y podemos observar concretamente el momento en que la marquesa de Vegallana, Obdulia, Visitación y doña Petronila, quienes se encuentran reunidas en el gabinete de la marquesa, comentan la noticia impactante que se ha difundido por la ciudad de Vetusta: Anita Ozores, saldría de nazarena en la procesión del Viernes Santo. Asistimos, pues, a una escena puramente cotidiana, rasgo muy propio de la literatura realista, en la que las susodichas señoras muestran sus reacciones e intercambian sus impresiones acerca de la “locura” que está dispuesta a cometer la Regenta, pues consideran que no es un acto de devoción mesurado, sino de fanatismo irracional. Así, las protagonistas de esta escena se dedican a “poner a caldo” a la de Ozores, práctica muy común a lo largo de dicha obra en la que sus personajes están fuertemente marcados por el afán de aparentar con el fin de no convertirse en el punto de mira de las críticas del resto de habitantes de Vetusta.
Cabe destacar la visión tan antitética de la religión que muestran tanto la marquesa de Vegallana como Obdulia al tachar el acto de fe que se dispone a hacer la protagonista de espectáculo, mamarrachada e, incluso, diablura, lo cual no concuerda con esta acción devota.
A continuación, se narra la entrada del marqués junto a don Victor Quintanar con el que las señoras siguen comentando acerca de los hechos referentes a la protagonista de la obra. De esta manera, el lector es conocedor de la oposición del ex regente con respecto a las intenciones de su mujer. Asimismo, desvela de dónde ha salido la idea de su esposa: lo había visto en una procesión en Zaragoza.

En cuanto a la segunda parte de este extracto de la obra, tiene lugar ya en el día del Viernes Santo. Así, en un primer momento se hace referencia a los pensamientos de Fermín de Pas, el cual se enorgullece de sus triunfos: en cuestión de un par de días su autoridad se ha visto incrementada gracias a la conversión del ateo más importante de la ciudad, Pompeyo Guimarán, y al acto de penitencia que se dispone a hacer la Regenta y que simbolizará la sumisión de la mujer más importante de Vetusta al poder del Magistral.
Mientras tanto, en un segundo momento  la acción se centra en los pensamientos de la Regenta, quien se muestra arrepentida de su decisión de salir como penitente en la procesión, pues es consciente de que se trata de un acto en el que se va a exponer públicamente y suscitará las habladurías de los habitantes de Vetusta, uno de los grandes miedos de la protagonista.
Así pues, esta segunda parte está marcada por un rasgo muy propio del realismo: se exponen los pensamientos más íntimos de los protagonistas a través del estilo indirecto libre en el que el narrador desaparece dando lugar a la reproducción exacta de las cavilaciones de los personajes. Del mismo modo, es un recurso realista el uso del lenguaje coloquial y relajado utilizado en la conversación que mantienen las féminas en la primera parte de este fragmento.

Se trata pues, en conclusión, de un fragmento propio del realismo en el que se representa de forma verosímil un trozo de vida perfectamente enmarcado espacio-temporalmente: se narran los sucesos que acontecen a la Regenta y a sus conciudadanos en los días de Pascua. 

viernes, 20 de junio de 2014

Comentario de La Regenta

En este fragmento del capítulo XXVI de La Regenta (1884-85) leemos que Ana Ozores, protagonista de la obra, se dispone a salir en penitencia en la procesión del Viernes Santo vestida de nazarena y descalza, noticia que Vetusta concibe como inaudita : “La noticia estalló como una bomba”, “escuchaban pasmadas”.
Todos piensan que Ana está loca por salir descalza en la procesión, “esa mujer está loca” y la critican, como acostumbran a hacer siempre: “vestirse de mamarracho y darse en espectáculo”, “¿y el traje? ¿cómo es el traje?” “¿dónde ha visto ella a nadie hacer esas diabluras?

Su marido, Quintanar, no se muestra muy a favor de que su mujer haga eso y acepta sin quererlo. Algunos personajes se burlan de él llamándolo “calzonazos”. Él mismo dice “mi mujer está loca, yo creo que está loca”, “cuando creía tenerla dominada” ,“cuando yo no dudaba de mi poder discrecional en mi hogar”. Aunque se muestre dominante delante de la gente y no acepte del todo que Ana salga en la procesión, al llegar a su casa, ese hogar en el que dice tener poder, observamos que es cierto eso que dicen de él puesto que en lugar de mostrarle su desacuerdo a Ana “prefirió encerrarse en el silencio... y el despacho”.
El Viernes Santo, a pesar de arrepentirse de la “locura” que ese día cometería, la regenta sale en procesión sin que nada ni nadie, ni ella misma, pudiese impedirlo.


En este fragmento encontramos numerosas características que adscriben la obra al movimiento literario desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX, el Realismo.
En primer lugar, observamos que Clarín, autor de la obra, representa en este texto un trozo de vida de la ciudad vetustense,  marcada por el tiempo litúrgico, por ello este pasaje es muy representativo de la ciudad, que es muy religiosa y vive la Semana Santa con mucha devoción. Así pues, como el realismo literario tiende a representar la realidad, los autores se valen de algunos recursos para conseguir el efecto de realidad en el texto; entre estos recursos encontramos alusiones a realidades que son conocidas por todos, como en este caso es la repetida mención que se hace a la ciudad de Zaragoza con el objetivo de dar veracidad a lo narrado. También se leen algunas referencias a Rossini, un cantante de ópera italiano conocido en la época.
Otra característica visible en el fragmento es la abundancia del diálogo. Este diálogo es caracterizador de los personajes. Gracias al idiolecto de cada uno de ellos, somos conocedores de su carácter y personalidad. Así pues, cuando dialoga Quintanar con la marquesa, observamos que esa personalidad antes mencionada por boca de otros personajes, es el propio Víctor quien la confirma diciendo “Señora... mi querida Rufina..., esto es..., que como dice el poeta.... ¡No podían vencerme... y me vencieron!”. Asimismo, el idiolecto de Petronila y Obdulia, revelan su carácter chismoso y murmurador: “¿Marrón foncé?...-objetó Obdulia - . No dice bien...; otro sería mejor”.

Por otra parte, interesa también el flujo de conciencia de los personajes y la vida anímica de éstos.   Así pues, en este fragmento encontramos algunos ejemplos de ese flujo de conciencia  ya que, por ejemplo cuando el Magistral y Ana despiertan la mañana del Viernes Santo, el narrador nos revela sus pensamientos mediante el estilo indirecto libre que muestra los actos de pensar, sentir y percibir de los personajes.

Magistral: <<¿Llovería? Hubiera dado años de vida por que el sol barriera aquel toldo ceniciento y se asomara a iluminar cara a cara y sin rebozo aque día de su triunfo [...]Vetusta admirada, sometida, los enemigos tragando polvo, dispersos y aniquilados>>

Ana:<<¡Si lloviera!>>, << Yo soy una loca -pensaba-, tomo resoluciones extremas en los momentos de exaltación y después tengo que cumplirlas cuando el ánimo decaído, casi inerte, no tiene fuerza para querer>>, <<Sí, escándalo era; la mujer de su casa, la esposa honesta, protestaba dentro de Ana contra el espectáculo próximo...>>.

En referencia al narrador del fragmento, hay que destacar que se trata de un narrador omnisciente, pues se adentra en la conciencia de los personajes como apreciamos en los siguientes ejemplos: “Lo deseaba y le remordía la conciencia”, “recordaba que de rodillas...” ,“ se había jurado  a sí misma caminar así”, “pensaba también en su Quintanar”.

Para concluir, hablaremos un poco sobre el conflicto personal de Ana durante toda la obra, vemos como desde el principio es juzgada por cada acto que cometa. Haga lo que haga se hablará mal de su figura. Es un personaje determinado por el medio social. Ana Ozores es una romántica, marcada por el hastío de Vetusta intenta buscar un ideal para ella misma y para los demás. Ella necesita pasión en algo, un héroe del que apasionarse, como Álvaro Mesía, su seductor o una heroína, como Santa Teresa, quien le influye en su sacrificio religioso.
En este fragmento, cercano al final de la obra, vemos que su conflicto personal aún no se ha resuelto puesto que aunque se decanta por la vida beata, se arrepiente de ello antes de hacerlo porque piensa en el escándalo que será, en lo que dirán de su marido aunque finalmente acabará saliendo en procesión y será nuevamente criticada por todos.

Rosa Santiago Salmerón

"Un antirrevolucionario en la contrarrevolución"

El pasado 7 de mayo tuve la oportunidad de asistir a la ponencia sobre “José García de León y Pizarro: un antirrevolucionario en la contrarrevolución” del I Congreso Internacional Liberal: la represión absolutista y el exilio.

Juan Luis Simal Duran nos habló sobre la vida de José Pizarro, un personaje  que tuvo una vida agitada; dejó memorias sobre su vida, donde aseguraba que nunca pensó que llegara a donde llegó.

Desde niño fue educado en la diplomatura y siempre pensó que el cuerpo diplomático español se renovaría. La transición política de España no le afectó y se adapta a las circunstancias.
Fue servidor de una monarquía en crisis, consejero y secretario de Estado. También fue embajador en Prusia y no participó en la caída del régimen constitucional.
Durante su etapa  de secretario de Estado aplicó política moderada lo que se consideró como traición a la monarquía por lo que fue expulsado del gobierno y desterrado.
En 1823 sale del exilio acompañando a los liberales y en 1830 Fernando VII le devuelve los honores y distinciones.

Según lo expuesto en la ponencia, Pizarro rechazaba las medidas extremas de represión de Fernando VII y consideraba que las medidas más útiles para volver a un orden monárquico en calma era mostrarse clemente para así modernizar a España. Pensaba que las reprensiones alentaban el desorden. Además, en Europa pensaban que en España había una reprensión salvaje y Fernando VII era visto como un tirano que hacia crueldades en España.
Él estaba muy preocupado por la imagen nacional ya que las gacetas extranjeras rebajan el honor nacional. La imagen de la monarquía española en Europa era un deshonor, un “bochorno”.
Se mostraba muy crítico con los gobernantes europeos. Fue el mayor partidario de que se otorgara una amnistía a los exiliados.
En el exilio los liberales hacían conspiraciones revolucionarias para volver a España y cambiar el régimen. Pizarro consideraba que había que sustituir la represión por un acercamiento y que las medidas debían impulsarse desde una perspectiva general.
Sin embargo, también se dan otros hechos en su vida como que antes de llegar a Prusia con los aliados, se encontraba en Francia y comenzó a informar a la monarquía española de las actividades en contra de los afrancesados.
Todo esto lleva a que la gente pensase que era un liberal encubierto o moderado. Asimismo su papel en la guerra de la Independencia tampoco estuvo claro.

Tras este resumen sobre la ponencia, he de decir que me pareció muy interesante que se hablase sobre este personaje, poco conocido, ya que nunca escuché hablar de él en ninguna clase de historia. Asimismo, tras todo lo expuesto he llegado a la conclusión de que Pizarro parecía tener una ideología más o menos liberal pero busca su beneficio apoyando ideas contrarias para no caer en desprestigio y vivir de forma incómoda. Se podría decir que José García de León y Pizarro fue un “camaleón” en cuestiones políticas.

Rosa Santiago Salmerón